Cuando la ciencia sirve para cacharrear

Cuando la ciencia sirve para cacharrear

Por: Carlos Diez

Fue un fin de semana intenso. Entre el 19 y el 22 de octubre de este año se llevó a cabo la decimoquinta edición de la feria colombiana con más trayectoria en Ciencia, Tecnología e Innovación: Expociencia Expotecnología.

La gran intensidad de este fin de semana se vivió en muchos ámbitos, y uno de ellos muy especial fue Cacharrear con Ciencia. En este espacio miles de personas aprendieron más sobre la ciencia y sobre la forma de usarla para proponer soluciones a los problemas cotidianos.

Más de 15 instituciones entre universidades museos y empresas propusieron a los visitantes actividades interactivas de múltiples tipos, que les permitieron experimentar de primera mano los conceptos científicos y su aplicación.

Debido a la cantidad de instituciones, en este breve espacio no me detendré en cada una, pero me gustaría reseñar las actividades de algunas, no por su especial importancia, sino porque tuve la oportunidad de participar en ellas.

Un taladro de inerciaEn primer lugar, me sorprendió la propuesta del Museo del Oro, ya que cuando uno piensa en esta institución, no piensa necesariamente en ciencia, sino en historia, arqueología u otras ramas del saber no tan relacionadas con las ciencias exactas o naturales.  Sin embargo, el Museo desarrolló un espacio interactivo en el que los participantes pudieron experimentar la forma como los indígenas precolombinos hacían música o taladraban y cortaban las piedras para hacer sus adornos. En palabras de uno de los expositores: “No trajimos el oro, sino la tecnología”. En su stand, aparte de las experiencias mencionadas, los visitantes realizaron una actividad de transferencia de conocimiento a través de una bitácora en forma de pared, en la que escribieron sus aprendizajes durante la actividad.

Contrario a lo que uno puede esperar del Museo del Oro, de Maloka uno debe esperar total interacción con la ciencia y, en efecto, esto es lo que ofrecieron. En su stand, ellos incluyeron diversos experimentos sorprendentes y entretenidos, como un generador de Van de Graaff, un medidor de la capacidad de equilibrio y varios más; una cama de clavos, en la que más de un visitante ‘descansó’ por unos minutos mientras otras personas se apoyaban encima de él.

Otro museo, esta vez el Museo de los Niños, hizo alarde de interactividad con tres espacios en un mismo stand, uno dedicado a Leonardo Da Vinci, otro a Isaac Newton y otro al algodón de azúcar. Los tres espacios estaban articulados: la ciencia detrás de cada uno de estos dos grandes personajes y el algodón para conectarlos.

En otro espacio, la Fundación Universitaria Konrad Lorenz propuso a los asistentes experimentar algo de matemática de una manera diferente. A través de diez experimentos, que constituyeron toda una feria matemática, los asistentes pudieron jugar y aprender con cubos Rubik, burbujas de jabón, tangrams, claves secretas, juegos de estrategia y más.

También muy interesante fue contemplar cómo la Escuela Pedagógica Experimental dispuso piezas, como engranajes, ruedas, bandas, etc., con las que los participantes pudieron dar rienda suelta a su creatividad e imaginación armando robots.

Esta reseña podría ser mucho más larga, pero creo que con esta extensión cumple el propósito de resaltar la labor de las instituciones participantes en el espacio Cacharrear con Ciencia y de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (ACAC) en su organización y apoyo.

De todas formas, en la página web de la feria (expociencia.co) podrán conocer otras propuestas que se incluyeron en este espacio.

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