Revista XXVI No. 1 de 2019

José Luis Villaveces y las ciencias de la administración

José Luis Villaveces y las ciencias de la administración

“Pocas ciencias avanzan tan rápidamente y tienen tanto impacto como las ciencias de la administración” (Villaveces, 1995, p. 212). 

 

Escrito por: 

Luis Antonio Orozco
Doctor en administración
Profesor investigador
Universidad Externado de Colombia
luis.orozco@uexternado.edu.co

 

Resumen

En este artículo rindo tributo a uno de los científicos más importantes de la época reciente de Colombia, el químico José Luis Villaveces Cardoso, de quien aprendí el amor por la investigación y la pasión por contribuir a mejorar las condiciones de nuestro mundo. Al haber tenido el privilegio por más de 16 años de trabajar con él, me siento en la obligación de compartir la forma en la que entendí sus ideas en el campo del pensamiento administrativo con el fin de brindar algunos elementos para la reflexión académica y práctica de la gerencia. De esta forma, el artículo extiende el capítulo 3: José Luis Villaveces y su legado a las ciencias sociales contenido en el libro Un Festschrift para José Luis Villaveces, editado por Luis Carlos Arboleda y publicado por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales en 2017. 

 

Introducción

La administración es fundamentalmente una práctica que se nutre de la experiencia, de la intuición, de la ciencia, de las leyes y sobre todo de la ética. La administración es una vocación por el servicio, es una designación que se asume para ser, como diría Alejandro López Restrepo -padre de la administración de organizaciones en Colombia- útil a otros, ayudándoles a realizar sus tareas (1). La administración desde el punto de vista de la ciencia tiene la tarea de generar teorías para explicar una realidad y dar bases para predecir, facultando la toma de decisiones para mejorar el futuro. 

José Luis desde joven tuvo una vocación por la administración, en el sentido en el que la he descrito (2). En 1974 inició labores como representante de los profesores de química en el consejo directivo de la Facultad de Ciencias en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL). Para 1982 aceptó la dirección de la carrera de química. Luego, en 1986 fundó el primer doctorado en ciencias de Colombia, el doctorado en química de la UNAL administrándolo hasta 1989, año en el que fue nombrado director de investigaciones de la Universidad. Luego de dos años de gestión fue designado como subdirector de Colciencias hasta 1994, cuando asumió el cargo de Secretario de Educación de Bogotá en la administración de Antanas Mockus. En 1999 retorna a Colciencias como subdirector y en 2002 es nombrado director del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCyT). Tras una gestión ejemplar pasó en 2006 a la Universidad de los Andes como director de investigaciones, transformando lo que fuera una oficina de trámites a una Vicerrectoría de Investigaciones, estando a su cargo hasta 2010.  

José Luis compartía con varios autores (Rodríguez, Dávila y Romero, 1992; Malaver, 2000) la preocupación por formar a los administradores a partir de la investigación científica, rigurosa y crítica de los problemas gerenciales. Alguna vez afirmó: “¿Qué esperar del país que ‘forma’ en tan precarias condiciones a sus administradores?” (Villaveces, 1995b: 224). Más allá del discurso y su docencia en gestión tecnológica en la Pontificia Universidad Javeriana -donde me formé como administrador de empresas-, el hecho concreto de que asumiera la dirección de mi tesis doctoral en administración en la Universidad de los Andes es una clara muestra de su incansable espíritu de contribuir en el empeño de mejorar el campo de la administración en Colombia.

El recuento anterior revela la experticia ganada por José Luis como administrador en el campo de la educación y la ciencia. Voy a compartir algunas de las lecciones sobre la administración, con las que me formé desde que ingresé como pasante en el 2002 al OCyT e inicié mi aventura intelectual con José Luis. Me concentraré en su visión del gobierno corporativo, la gerencia del talento humano y la toma de decisiones desde la visión prospectiva de la estrategia. Sin duda, su visión sobre el entorno, asunto central en la administración, se encuentra bien documentado en la exposición que hice sobre sus ideas políticas en Orozco (2017), y a partir de ella espero brindar algunos elementos de reflexión para los administradores, especialmente los que están en formación.

 

Gobierno corporativo

La primera vez que fui consciente de la importancia del gobierno corporativo de las organizaciones fue con las charlas que sostuvimos con José Luis sobre la junta directiva del OCyT en 2004, tiempo en el que la representación de Colciencias cambió. Me contaba lo complejo que resultaba buscar acuerdos en medio de disputas de poder y de intereses impuestos que no convergían con el trabajo y los resultados que publicábamos (3) . José Luis me decía que los resultados de la gestión honesta son la única herramienta con la que él como administrador podía buscar la convergencia en un entorno que se tornaba hostil. Me insistía que el buen gobierno de una organización depende de que se presenten discusiones con disensos, sin que se llegue al escalamiento de enfrentamientos y conflictos en el ámbito personal. Pero cuando se presentaban situaciones ambigüas y confrontaciones en las que impera el poder de decisión financiero sobre la racionalidad y la ética del trabajo, era menester el uso de un lenguaje pulido para exponer los argumentos y las razones, dejando constancia firme de las decisiones y posturas. Manejar esa línea es un asunto difícil, pero el éxito en las juntas depende en gran medida de ello. Recuerdo que José Luis me decía que ante todo una buena junta depende de la capacidad de comunicar claramente los resultados y las propuestas, con el lenguaje y el tono adecuado para no lastimar y maltratar a otros. La ciencia y la administración son, ante todo, un acto comunicativo que estructura redes sociales, decía.

José Luis me explicaba que la racionalidad que tuvieron con su eterno amigo Clemente Forero, sobre los consejos de los programas nacionales de ciencia y tecnología, creados en el Decreto 585 de 1991, era la de conformar grupos diversos y heterogéneos para promover la creatividad en la solución de problemas complejos. José Luis entendía que “ha habido bastante aislamiento entre el sector productivo y los investigadores” (Villaveces, 1991, p. 34). Por lo tanto, era necesario conformar “grupos sociales con gran capacidad de dominio sobre el mundo simbólico; el cual conforma el sustrato de las actividades humanas de vanguardia en el mundo actual” (Villaveces, 1991, p. 35). Las relaciones entre directores y administradores deben tener como enfoque prioritario la vida a largo plazo de la organización y su capacidad de crear valor para la sociedad, la posibilidad de proponer visiones de futuro y los mecanismos para ejercer control sobre los recursos y las decisiones. Por lo tanto, el administrador, me insistía José Luis, debe ser transparente, revelar toda la información, ser conciliador y sobre todo estudiar e investigar los fundamentos en los que descansan sus propuestas para que la organización prospere. Finalmente, José Luis pensaba que la reputación y el buen nombre de una organización, dependían de la salud y transparencia financiera con la que se manejaban las decisiones, pero, sobre todo, de la composición de las juntas directivas con gente preparada y próvida, comprometida con los intereses generales y los impactos de sus decisiones.  

La influencia que tuvo su pensamiento sobre gobierno corporativo me llevaría a investigar la relación entre la composición y las acciones de las juntas directivas en el desempeño financiero y reputacional (Orozco, Vargas y Galindo, 2018; Herrera-Echeverry, Gaitán, Orozco y Soto, 2018). Finalmente, para José Luis toda actividad organizacional requiere de “administración, promoción, organización y evaluación” (Villaveces, 1991b: 48) en la que es fundamental el manejo de las relaciones humanas y la toma de decisiones para crear el futuro, temas que trato a continuación. 
 

La gerencia del talento humano

Para José Luis el buen trato con la gente basado en la escucha, la elegancia de la palabra y la consideración del otro, eran sus formas distintivas de dirigir a otros. La firmeza en los asuntos era también una de las características que José Luis como administrador exhibía. Él lograba interesarse por sus subalternos, exponiendo su calidad humana para motivar a los demás a partir de la asignación de responsabilidades y retos que permitieran extender las capacidades de cada quien. Creía y practicaba una administración inclusiva, en la que con su generosidad y afecto daba los reconocimientos a la vez que exigía resultados. Me indicaba que hay que definir con la gente las metas y expectativas del trabajo para lograr apasionarlos con la labor encomendada. A partir de ahí, el administrador habría de ayudarle a las personas con los medios necesarios para que cumplan con las tareas y sean felices en el proceso. 

Alguna vez hablamos del pensamiento taoísta en el marco de la administración. Él sabía en buen chino el inicio del Tao. Me indicaba que en la sabiduría taoísta es clave dar ideas a la gente y dejar hacer, dejar que las cosas fluyan. Me di a la tarea de investigar un poco sobre la administración en el marco del taoísmo y encontré un personaje que me ayudaría a entender mejor la noción de la administración: Mencius. En el artículo de Rarick (2008) se presenta un marco comprensivo de varias cosas que José Luis indicaba desde su experiencia para la administración de las personas. Esto es en particular el sentido humano, la benevolencia y el servicio del administrador como agente decisor sobre los recursos necesarios para realizar el trabajo, dando libertad para proponer y crear.

Las lógicas para la conformación de equipos de trabajo es la misma expuesta para los grupos de investigación, que he explicado lo suficiente en otras partes (Orozco et al 2013; Orozco, 2017). Para José Luis, la interdisciplinariedad y la diversidad son la base para la creación de un capital humano capaz de asumir grandes retos en el trabajo organizacional. En la lógica de la administración que permite que las cosas fluyan “la necesidad de conformar equipos con gente de diversas formaciones se da de manera natural y progresiva” (Villaveces, 2001, p. 228). La diversidad en la fuerza de trabajo fue uno de los temas centrales en mi investigación en administración, al punto de que se convirtió en la base de mi tesis doctoral dirigida por José Luis (Orozco, 2015; Orozco y Villaveces, 2015). 

Para José Luis el grupo de investigación es la forma de organización social de la ciencia con la que los investigadores adquieren autonomía para superar las barreras administrativas entre las universidades y centros de investigación y las políticas de agencias financiadoras públicas y privadas (Orozco, 2017). Empoderar a los profesores para que formen grupos implica también la responsabilidad de darles mecanismos para administrar sus recursos, a partir del apoyo que se puede dar con la infraestructura, con tiempo, con bibliotecas y bases de datos, laboratorios y artefactos informáticos, sin olvidar el seguimiento de la producción científica y la rendición de cuentas sobre la gestión de los resultados (Villaveces, 2007). De esta forma, José Luis gestionaba los grupos de trabajo, en los que participé por casi 10 años.

 

La toma de decisiones y la prospectiva

José Luis insistía que el rol fundamental de la universidad es el de formar ciudadanos capaces de tomar decisiones informadas y soportadas en la racionalidad que implica la investigación. Indicó que “Habría un imperativo ético para informar adecuadamente a la gente, de tal manera que no se vieran arrastrados por la moda, por las ideologías, por la publicidad o por otras razones que no asumen los principios de autonomía y respeto. La autonomía solo es posible cuando la información seria está disponible para tomar decisiones. Quienes tienen acceso a esa información o pueden llegar a tenerlo no pueden evadir la responsabilidad de manejarla e informar amplia y claramente a toda la comunidad. Así, después, cada cual podría tomar sus decisiones con conocimiento de causa y comprensión de los efectos de ellas, aprovechando todo el bagaje cultural de la humanidad” (Villaveces, 2003, p. 23). Para José Luis las universidades “deben enseñar a resolver problemas del acá y del ahora, problemas reales de la sociedad de hoy, no por la vía de las consignas o los manuales, sino por la vía de la observación, de la medición, del análisis cuidadoso y concreto de las situaciones concretas, de la experimentación, de la predicción controlada, apoyadas estas acciones en todo el acervo cultural de la humanidad. Es decir, deben enseñar a resolver problemas del acá y del ahora investigando” (Villaveces, 2002a, p. 172). La universidad debe estar en capacidad de diferenciar la doctrina y la ideología del conocimiento científico, con el fin de formar gente autónoma, capaz de tener un acercamiento crítico y objetivo de la realidad, fundamentado en los hechos de la ciencia y en las condiciones sociales de las naciones. Indica José Luis que “hoy se trata de formar gentes capaces de usar el conocimiento como fuerza productiva y como base para la convivencia y la relación con los demás y con su entorno” (Villaveces, 2002ª, p. 177).  

Para José Luis “El ciudadano corriente debe intervenir en el debate vigoroso y democrático sobre la creación del conocimiento y debe ser capaz de aprovechar el conocimiento para tomar decisiones acertadas en su vida diaria, ya sea ciudadano corriente, empresario innovador o dirigente público (esto es) la toma responsable de decisiones en la sociedad del conocimiento” (Villaveces, 2006, p. 202).

Una de las discusiones interesantes que sosteníamos, cuando inicié el estudio académico del campo de la toma de decisiones en administración fue la relación entre las emociones y la racionalidad. Le indicaba a José Luis como el programa de investigación del Nobel de economía, Daniel Kahneman, demostraba que nuestras decisiones son sesgadas y operan sobre heurísticas, esto es, atajos en la racionalidad. Su posición siempre fue que, para una buena administración, es menester aprovechar la información que dan las emociones y la capacidad de manejar los sentimientos para reflexionar éticamente sobre los posibles rumbos que puede tomar un administrador a la hora de decidir. Insistió que las buenas decisiones gerenciales dependen de un estudio previo de los asuntos concernientes a la elección, así como el aprovechamiento de la experiencia y los puntos de vista de los otros. Para José Luis las decisiones deberían basarse en la responsabilidad que se asume, investigando y pensando críticamente, con el fin de tener una sensación de tranquilidad al saber que se ha obrado desde la honestidad intelectual, racional y ética.

Una de las mejores piezas de su producción literaria fue el artículo: Cultura científica, factor de supervivencia nacional, publicado en 2002 en la revista Innovación y Ciencia de la ACAC. Inicia aclarando que “Nuestros problemas son el no saber producir y el no saber convivir” (Villaveces 2002b, p. 11) y la única vía para avanzar y mejorar en las decisiones que nos permiten superar estas limitaciones está en la investigación, la creación de nuevo conocimiento y la acción dinámica de la universidad en relación con los demás actores de la política y la organización social. Argumentó que “Las naciones que resuelven sus problemas de industrialización, que desarrollan empresas competitivas … que saben producir los bienes materiales que necesitan para vivir y vender, comienzan por estudiar cuidadosamente los problemas … En suma, comienzan por observar, medir, calcular, diseñar y luego producen … es decir… estudian y hacen investigación y desarrollo sobre el problema tecnológico que tienen entre manos y lo hacen continuamente innovando en todo momento” (Villaveces 2002b: 14). De esta forma, las sociedades pueden avanzar en la capacidad de tomar buenas decisiones.

Finalmente, José Luis indicaba que las decisiones son el resultado de una visión prospectiva del futuro. Son el medio por el cual se enrutan los recursos y las acciones para crear mejores condiciones sociales y medioambientales. “La prospectiva bien utilizada es el aprovechamiento de todas las ciencias básicas, de todas las ciencias sociales y de todas las ciencias humanas para el estudio del futuro y de los medios de construirlo” (Villaveces, 2002a, p. 170). Hacer uso de las herramientas prospectivas, con la que se puede desarrollar una reflexión sistémica entre ciencia y sociedad para proponer escenarios de futuro y construirlos con los diversos actores sociales era un asunto clave en la toma de decisiones para José Luis. Por tanto, una lectura cuidadosa de la historia, de la información construida con técnicas cienciométricas para la inteligencia tecnológica, así como en el proceso comunicativo con investigadores expertos, es la base para mejorar las capacidades en la toma de decisiones que habilitan la construcción de un mejor futuro (Orozco, 2017).

En conclusión, José Luis como practicante de la administración fue un hombre admirable, capaz de afrontar los diferentes retos de los cargos que ocupó. Entendió la administración desde un enfoque humano, enfocado al servicio y con contribuyó desde sus cátedras y textos a reflexionar críticamente sobre la importancia de la investigación para una buena administración.
 

Notas

(1) José Luis Villaveces me obsequió el libro de Mayor (2001) Técnica y utopía. Biografía intelectual y política de Alejandro López, 1876-1940. Fondo Editorial Universidad Eafit, Colección Cielos de Arena. Medellín. Esto generó en mí un profundo interés por conocer a fondo el impacto de este personaje en mi campo de estudio. Como resultado de ello está un artículo en el Journal of Management History llamado A Colombian classic management thinker: Alejandro López Restrepo. Ver Orozco y Anzola (2019).

(2) José Luis no era un hombre ajeno al emprendimiento y al desarrollo empresarial. Su padre emprendió una empresa de cosméticos: Alergex Ltda, que continuó su hermano Fernando, actualmente empresario de la construcción. También intentó emprender una fábrica para productos químicos como tinta china y mezclas para destapar cañerías.

(3) Las diferencias entre las directivas de Colciencias y el trabajo que hacíamos en el Observatorio llegaron a tal punto, que en el libro de Indicadores del OCyT de 2005, el capítulo impuesto por DNP y Colciencias se incluyó sin edición al final de la obra. Confrontar OCyT (2005). Colombia 2005. Indicadores de ciencia y tecnología. OCyT. Bogotá, disponible en: https://www.ocyt.org.co/proyectos-y-productos/informe-anual-de-indicadores-de-ciencia-y-tecnologia-2005/ 

 

Referencias

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  • Rarick, C. A. (2008). Mencius on Management: Managerial Implications of the Writings of China’s Second Sage. Journal of Comparative International Management, 11(2).
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