Revista XXVII No. 3 de 2020

Ciencia con la Gente y el Medioambiente - Silvio Funtowicz

Ciencia con la Gente y el Medioambiente - Silvio Funtowicz

Silvio Funtowicz

Quiero empezar aclarando que mi perspectiva se desarrolló en el norte, sobre todo en Europa, ya que llevo más de cuarenta años fuera de Argentina. Este es un momento particular, el covid 19 y sus consecuencias han obligado a cambios impensables en poco tiempo, demostrando la capacidad de adaptación de la gente, los distintos grados de confinamiento y conversaciones virtuales.

Muchos se preguntan cuándo volveremos a la normalidad, con respecto a ello se me ocurren dos cuestiones, la primera ¿es posible volver a la normalidad del precovid? y la segunda ¿es deseable retornar a la normalidad del precovid? No me voy a detener en la primera pregunta, pero reflexionen acerca de los efectos del covid, como lo es la pérdida de empleo y de actividades comerciales, las precauciones, las mascarillas, las consecuencias traumáticas del covid y de la pandemia que son humanas, sociales y psicológicas, las tecnologías de rastreo que son potencialmente invasivas y la distancia física que erróneamente se ha dicho distancia social, entre otros aspectos.

Es la segunda pregunta la que me interesa, ¿es deseable retornar a la normalidad precovid? Y ¿Cuál es el rol de la ciencia en este retorno o transformación a una normalidad? En este sentido, es importante no olvidar los debates sobre varios desafíos ya existentes antes de la pandemia y que no han desaparecido. Al contrario, continúan presentes, como, por ejemplo, las perturbaciones serias a los ecosistemas y clima, la falta de progreso hacia la sustentabilidad o sostenibilidad, las crecientes y escandalosas desigualdades políticas y socioeconómicas, las tentaciones políticas autoritarias, y la debilidad de las instituciones democráticas. En síntesis, dichos desafíos representan los retos que ilustran un sistema ya en crisis, mucho antes del covid. Mi respuesta es que, si se pudiese retornar a la aparente normalidad precovid, no debemos, catástrofes son y han sido siempre oportunidades, en donde la posibilidad del cambio es poder ahondar en relación con la tragedia del desastre.

Recordemos, por ejemplo, el gran terremoto de Lisboa en 1755 que desencadeno grandes debates acerca de la necesidad de cambios fundamentales, en las que participaron entre otros, Voltaire Rousseau. Personalmente me ocupo de la relación entre la ciencia y la tecnología y lo que hoy se llama la gobernanza o la sociedad. Esta actividad la desarrolle tanto en ámbito académico, como hasta mi jubilación como funcionario del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. En mi experiencia considero que, la relación entre la tecnociencia y la sociedad en el tiempo de covid, han mostrado aspectos innovativos dignos de reflexión. Casi todos los gobiernos han legitimado decisiones, en algunos casos, con medidas muy drásticas diciendo que sigan la ciencia, “follow the science”. La justificación es perfectamente consistente, con el marco referente vigente desde los orígenes del estado moderno.

Alguno de los aspectos que veo innovativos, son los grandes debates públicos en Europa y los Estados Unidos entre expertos que, cándidamente reconocían incertidumbre, ignorancia y desacuerdos. Estos desacuerdos eran visto como comunes en las ciencias sociales y las humanidades, pero fueron raramente vistos en disciplinas maduras, como las biomédicas. Claramente, porque se ha visto expertos discutir y exhibir grandes desacuerdos en público, como lo fue la crisis del BSE o la enfermedad de la vaca loca a fines de la década del 80, una crisis que tiene ciertas características similares al covid.

En Latinoamérica, como en el resto del mundo, hay discusiones entre expertos todo el tiempo, con la estrecha diferencia entre los casos que mencione anteriormente y los que son objeto de discusión continua. Cual es la diferencia entre el BSE o el covid ahora, o por ejemplo el uso de transgénicos y agroquímicos en la agricultura, o los mega proyectos de ingeniería, en estos últimos casos las discusiones son entre expertos de partes, es decir, los expertos que proponen y los expertos que se oponen. En general se puede concluir que, es un conflicto entre dos o mas certezas. 

En el covid hemos visto y fuimos testigo, de expertos y autoridades que declararon tanto conocimiento de lo que ignoraban, como ignorancia de lo que ignoraban. Prácticamente no hemos visto intentos de forzar un consenso científico. Además, hemos aprendido que el conocimiento, sobre todo el científico, no se expresa con una sola voz, esta cautela e incluso humildad que hemos visto en el contexto europeo, sin embargo, en una estructura muy conservadora de asesoramiento científico. Los expertos que componían los comités de asesoramiento a gobiernos y autoridades presentaban poca diversidad, no solo de género, sino también del conocimiento y experiencia. Una colección que incluía la elite biomédica y economista, simbolizado el encuadre del problema del falso dilema de salvar vidas o la economía.

Otros tipos de conocimiento incluido el local, practico y experiencial, fueron raramente considerados. Pensemos en las consecuencias de confinar familia en alojamientos inadecuados, muchos con historia de violencia y de abuso, o en recomendar medidas de higiene que muchos no podían ejecutar. Hemos visto también, una carrera poco edificante para anunciar resultados incompletos, mitológicamente dudosos y no evaluados adecuadamente, que ha hecho avergonzar a publicaciones de prestigio internacional. Esto no es una situación nueva, es una situación preexistente, como lo es los serios problemas de reproducibilidad, el sistema de evaluación científica en crisis, debates violentos en público entre epidemiólogos del comportamiento, constructores de modelos, expertos que en otros contextos creen en el carácter objetivo de la ciencia y que la pasión es una externalidad a la ciencia.

En síntesis, representa las profundas anomalías en el sistema de legitimización de la acción política del Estado moderno basadas en la ciencia como un insumo privilegiado que otorgaba evidencia cuantitativa, objetiva y neutral. Recordemos que, el desarrollo de la estadística es parte de este proceso, con indicadores cuantitativos que permitían a las instituciones de gobernanza predecir, controlar y gestionar racionalmente.

Este proceso o modelo de resolución de problemas preveía la estricta separación entre el territorio de la ciencia, los valores y el territorio de la gobernanza, y un proceso en el que, obtenida la verdad, se procedía a la acción política para el bien común. El modelo establecía que, en presencia de una cuestión práctica y política, esta debía ser expresada como un problema tecnocientífico, una vez resuelto el problema tecnocientífico se consideraba también resuelta la cuestión política. Históricamente este modelo de estado moderno funcionó muy bien, la ciencia y la tecnología se desarrollaron extraordinariamente, además maduraron los alcances de la tecnología y la ciencia, y las instituciones de gobernanza. Los estados modernos, incluso en pequeños países europeos, se convirtieron en potencias coloniales que conquistaron el mundo e impusieron el modelo.

Permítanme argumentar que el triunfalismo y el optimismo empiezan a ser matizados a inicios de la década de los 60. En 1962 Rachel Carson publica la primavera silenciosa, en donde se revela la ambigüedad y también las patologías ocultas del crecimiento y la tecnociencia. Ese mismo año, Thomas Kuhn publica la estructura de las revoluciones científicas, donde se cuestiona la narración del ideal de progreso de la modernidad, en el caso de la ciencia. Un año después, Derek de Solla Price publica un libro menos conocido, pero importante también “Little science, big science” en español “pequeña ciencia, gran ciencia”, donde cuestiona el crecimiento exponencial de la ciencia, anticipando los problemas de control de calidad de la producción científica. Dereck Price es el padre de los indicadores cuantitativos de excelencia científica que todos los académicos conocen y temen, la justificación de la introducción de estos indicadores es simple, cuando la ciencia era pequeña los miembros de la comunidad disciplinar se conocían entre ellos, y el proceso de evaluación de calidad era informal, cuando la ciencia se convierte en grande, los miembros de la comunidad ya no se conocen, y es necesario formalizar la evaluación de calidad.

Este proceso de industrialización de la ciencia es la culminación de un proceso que ve a la ciencia convertirse en el motor principal del crecimiento económico y el desarrollo. Esto sucede después de la segunda guerra mundial, y este argumento es justificado por la contribución de la ciencia al esfuerzo Bélgico, no solo eran los físicos que trabajaban para construir la bomba atómica, sino también a Alan Turing, los matemáticos y los lógicos que desarrollaron primero la investigación operativa, y que continuo con la teoría de las decisiones.

La creciente conexión entre la tecnociencia y la sociedad tiene unas profundas consecuencias, no solo para el crecimiento económico, sino también para el modelo de legitimación de las decisiones y de la acción política, sin olvidarnos de las trasformaciones correspondientes en el ámbito académico. La concientización de las patologías enunciadas por Rachel Carson, lleva a la creación del movimiento ambientalista, la cual se extiende a medida que la tecnociencia se convierte en omnipresente y fluye en casi todos los aspectos de la vida humana, incluso los más íntimos.  

En los años 70, Alvin Weinberg, físico nuclear americano quien participo en el proyecto Manhattan el cual desarrollo la bomba atómica, introdujo el termino transciencia para definir escenarios de riesgo que pueden expresarse científicamente, pero que no pueden resolverse científicamente. Hasta ese entonces se creía que, si se podía expresar un problema en lenguaje científico también se podía resolver científicamente. Pero acaso, ¿Qué cosa puede significar resolver un problema científicamente?

En 1992 se realiza la conferencia de Rio de Janeiro, el objetivo de la conferencia era hacer internacional la necesidad de dar soluciones a las crisis ambientales. En esos momentos y como resultados de la conferencia, la sostenibilidad se convierte en un nuevo objetivo público, así mismo, en el capitulo agenda 21, se introduce lo que se conoce como el principio de precaución, que posteriormente se extiende del ambiente a la salud.

El objetivo y la razón de un principio de precaución es resolver la anomalía del modelo moderno, en el cual la acción política es legitima solo en caso de certeza científica, extendiendo la legitimidad de la acción también a casos en los cuales existe incertidumbre. El principio se ideo solamente una parte, es el principio 5 de la agenda 21, con el fin de la protección del medio ambiente ante el grave daño hoy reversible, la falta de certeza científica absoluta donde deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas, entre otros aspectos.

Esta formulación del principio de rio se entiende precisamente en relación con el régimen de legitimización existente, es importante aclarar acá que existen otras formas de formular el principio, pero me concentro en el de la formulación de rio. Se observa leyendo el principio que, aunque se refiere y su objetivo es la acción política en caso de incertidumbre, la palabra incertidumbre no aparece en el texto, se me ocurren dos preguntas ¿Por qué no se menciona la palabra incertidumbre en el texto? ¿Es lo mismo incertidumbre que falta de certeza científica absoluta como dice el principio? En todo caso, no hay que que subestimar la importancia y la dificultad de aceptación e implementación de un principio como este, que implica cambios drásticos de carácter institucional e incluso constitucional.

A principios de los años 80, con Jerome Ravetz empezamos a desarrollar lo que se llama la ciencia posnormal, reflexionando acerca de una serie de cuestiones prácticas y políticas complejas que se traducen en problemas tecnocientíficos, que son también complejos y lineales, como los imaginados anteriormente. La incertidumbre juega un rol fundamental, en particular la incertidumbre de los resultados cuantitativos. La ciencia posnormal se desarrolla a partir de nuestro trabajo sobre la expresión y comunicación de la incertidumbre en el campo del análisis de riesgo.

Las características de los problemas que definen la ciencia posnormal son que, los hechos son inciertos, existe una pluralidad de valores usualmente en conflicto, las apuestas en juego son potencialmente muy elevadas y las decisiones son urgentes. La ciencia posnormal introducen características y criterios considerados externalidades a la ciencia, incluso el primer criterio puede ser interpretado como un hecho que puede ser incierto. Reconocerán inmediatamente en estas cuatro condiciones las características del covid 19 y de otras crisis mencionadas anteriormente, pero también puedo mencionar el clima, la biodiversidad, la sostenibilidad, y la mayoría de las cuestiones políticas y prácticas que nos preocupan.

La originalidad de la ciencia posnormal es poner entre paréntesis el ideal de verdad, un lujo que no nos podemos permitir en tiempos de crisis, no decimos que la verdad o el ideal de verdad no sea importante, simplemente que en momentos de crisis tenemos que concentrarnos y concentrar los esfuerzos en lo que definimos como, la calidad del proceso y del producto científico. La evaluación de calidad del proceso o de los procesos y los productos que, informan y dan legitimidad a la acción política están en función de un propósito compartido. La cuestión por evaluar no es la verdad de la propuesta científica sino si se ajusta y es pertinente a un propósito establecido socialemnte, en este sentido, la ciencia posnormal propone una extensión de la comunidad de evaluación, de evaluadores, mas allá de los pares, de los expertos acreditados, reconociendo que el conocimiento útil a la resolución de cuestiones complejas, prácticas y políticas de una sociedad es inclusivo y plural.  El conocimiento ni la ciencia habla con una sola voz.

Esta extensión de la comunidad de evaluadores se hace en función de dos criterios, dos dimensiones no independientes, que forman parte de los criterios de la ciencia posnormal, la incertidumbre y la puesta en juego. La llamamos comunidad extendida de pares para recordar que en el modelo de resolución de problemas del estado moderno y la evaluación de calidad esta reservada a los expertos de las disciplinas, aquellos que estudiaron en la misma facultad y que publican en la misma revista científica. A medida que crece la incertidumbre o las puestas de juego se reconoce una extensión de los evaluadores de calidad, por ejemplo, medicina o ingeniería que tienen históricamente un contrato social diferente a la de los científicos. La ciencia posnormal no renuncia al conocimiento y las pericias de los expertos científicos o técnicos, sino que los sitúa en su contexto adecuado. No postula que todos debamos hacer o saber una operación al corazón o al cerebro, o volar un jet, o que debemos organizar un proceso participativo para establecer las leyes de la termodinámica.

En síntesis, el modelo de resolución de problemas y legitimización del estado moderno es obsoleto para afrontar los retos del presente. La ciencia posnormal plantea una reforma, en la que la extensión democrática al derecho y al reconocimiento no solo políticamente eficaz o éticamente justa, sino que también potencia la calidad de la evidencia tecnocientífica en los procesos de decisión para la acción del bien común. Además, reconoce como paritario el conocimiento creado histórica y culturalmente fuera del ámbito científico. No se trata solamente de conocer que los campesinos y los pescadores tienen conocimiento válidos y útiles, no basta saber que hay que saber cómo el conocimiento práctico, experiencial y adquirido a través de vivir en cierto lugar no es inferior a un conocimiento que pretende ser una visión de ninguna parte.

Estas son las razones por las cuales he dicho al inicio, que el sistema estaba ya en crisis antes del covid19 y que la pandemia nos brinda la oportunidad de no retornar a la aparente normalidad precovid, aprovechando las cosas que hemos aprendido o hemos debido aprender durante la pandemia. En ese sentido, es importante reconocer que los desafíos que enfrenta la humanidad no tienen una solución simple. Si el sueño cartesiano es solamente un sueño, la tecnociencia no ha hecho que la humanidad sea propietaria de la naturaleza y tenemos que abandonar la arrogancia y reconocer la futilidad de la aspiración al control. Tenemos que convivir en complejidad y aprender cómo hacer. El que hacer dependerá de la calidad del proceso, necesariamente plural e inclusivo, y reconociendo en este proceso que existe un gran diferencial de poder. Por último, tenemos que confiar si tenemos éxito en la creación de un proceso de alta calidad, en que el que hacer emergerá eventualmente.

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