LA UNIDAD DE LA CIENCIA

LA UNIDAD DE LA CIENCIA

La anterior explicación objetiva, nos obliga a replantear la estructura fundamental de los átomos, establecida por la mecánica cuántica, según la cual, ellos están constituidos por partículas girando en los orbitales o niveles de energía subatómicos.

La existencia de una fuerza esférica centrípeta, que por acción y reacción, origina otra fuerza esférica centrífuga, de igual magnitud, determina la creación de los átomos como un estado oscilatorio intermitente, que sólo puede ser explicado como una característica propia de la dinámica ondulatoria de las ondas electromagnéticas.

En consecuencia, se hace necesario considerar, que todos los átomos son campos de ondas estacionarias electromagnéticas esféricas, que son las que generan los niveles de energía subatómicos, dado que toda onda electromagnética transporta energía, según su frecuencia vibratoria, como lo determina perfectamente la famosa ecuación de Max Planck, en donde la energía, es directamente proporcional a la frecuencia vibratoria de la onda. Por consiguiente, si los orbitales o niveles de energía subatómicos, están ocupados por ondas electromagnéticas; la presencia de las partículas, consideradas por la interpretación mecano-cuántica de la estructura atómica, debería ser revisada por cuanto en este sistema oscilatorio se hacen obsoletas, dado que toda onda electromagnètica transporta energía.

La espectroscopia analítica permite identificar átomos y moléculas, por medio de sus espectros, que son una serie de radiaciones electromagnéticas de diferente color, que corresponden a los diferentes niveles de energía subatómicos. Dichas bandas luminosas espectrales, sólo pueden ser interpretadas, como pertenecientes a funciones de onda electromagnética, ya que la Luz se manifiesta como onda electromagnética y ya sabemos, que los colores del espectro, corresponden a diferentes longitudes de onda; por consiguiente, el análisis espectral se basa en detectar la absorción o emisión de radiación electromagnética, ya que cada elemento absorbe o emite Luz a ciertas frecuencias fijas, que caracterizan sus niveles de energía periféricos o de valencia, que son los que intervienen en los enlaces atómicos para formar moléculas; enlaces, que por ser efectuados por radiaciones electromagnéticas, deben ser interpretados como sintonización de frecuencias. Por lo tanto, dichos enlaces los efectúan radiaciones electromagnéticas periféricas, que al mismo tiempo transportan información codificada por su rango de frecuencia, que en las células biogenésicas, los cromosomas utilizan, para garantizar la transferencia de rasgos hereditarios.

Dichas radiaciones electromagnéticas periféricas o de valencia, también cumplen un papel de transferencia recíproca de energía térmica entre los átomos, las moléculas y las células; energía térmica o calorías que en los organismos superiores se hacen necesarias para su supervivencia, y cuyo origen primordial proviene de las radiaciones infrarrojas, emitidas por la fuente suprema de radiación térmica Solar, que es la que garantiza la vida de toda la biosfera terrestre, y que ninguna ciencia objetiva que se respete, puede dejar de considerar, a fin de ser consecuente, con ésta nueva visión del mundo, integrado en su totalidad por funciones onda electromagnética de Luz, que las cosmovisiones primitivas, han pretendido sustituir, con hipótesis retóricas, de amplio y confuso lenguaje subjetivo, para legitimar los espurios linajes de sangre.

Naturalmente, que como yo soy un investigador autodidacta independiente, mis argumentaciones no están avaladas por ningún doctorado de instituciones confesionales o públicas, ya que ellas sólo están ceñidas a avalar los dogmas sesgados, dirigidos a proteger la hipotética autoridad de sus líneas doctrinales o teóricas, que buscan blindar el sistema inicuo establecido, para garantizar, no la veracidad de la ciencia, sino la eficiencia, de los criminales métodos de exacción, cuya riqueza acumulada a través de ellos, es para estos rufianes, el supremo valor, por el cual estiman, que la vida del hombre y de la biosfera, no merecen la más mínima consideración.


Autor:

Jose Roberto Gómez Gutierrez
espiritusolar@gmail.com

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