La cuarta revolución industrial y Colombia: ¿Qué podemos hacer?

La cuarta revolución industrial y Colombia: ¿Qué podemos hacer?

Autor: Jorge Iván Bonilla León

Resumen

El proceso de destrucción creativa de la Cuarta Revolución Industrial, a diferencia de los tres anteriores, creará menos empleos de los que destruirá. Algunas de las naciones más desarrolladas han propuesto la figura del ingreso básico universal como la manera de adaptarse a un futuro donde las máquinas sean, para muchos trabajos, más competentes que los seres humanos. Los países en vías de desarrollo, como Colombia, carecen de la solvencia económica para implementar una medida semejante. ¿Qué podemos hacer? 


Cuenta la historia que en los años 50, Henry Ford II y Walter Reuther, director del gremio de trabajadores automotrices de EE.UU., estaban visitando una nueva fábrica de motores. Ford señaló con un gesto a una flota de máquinas y preguntó: “Walter, ¿cómo vas a lograr que estos robots paguen la cuota de afiliación al gremio?”, a lo que éste respondió: “Henry, ¿cómo vas a lograr que compren tus carros?”.

Una consecuencia negativa de la Cuarta Revolución Industrial es que el reemplazo de los salarios pagados a los trabajadores por los dividendos pagados a los accionistas (de las empresas fabricantes de los robots [para efectos del presente artículo se utilizará la palabra “robot” de manera indistinta para referirse tanto a dispositivos electromecánicos como a softwares dotados de inteligencia artificial][DM1] ) va a exacerbar la concentración de la riqueza. Esa desigualdad también se replicará internacionalmente entre los países que desarrollen esas tecnologías y los que simplemente se sirvan de ellas.

Las Naciones Unidas contemplan dos dimensiones para el desarrollo humano: la directa ampliación de las habilidades humanas y la creación de las condiciones para que el desarrollo de las poblaciones pueda efectivamente suceder (1). Muchas de esas condiciones se derivan de la participación de las personas en el sistema productivo y eso es precisamente lo que el desempleo de origen tecnológico pone en riesgo.

Algunos países desarrollados creen haber encontrado la panacea: el ingreso básico universal, una suma de dinero que sería entregada a todos y cada uno de sus ciudadanos, mes a mes, sin exigencia de contraprestación alguna. Colombia sencillamente no cuenta con la solvencia económica para implementar una medida semejante. ¿Qué podemos hacer?

Recomendación 1: entendamos de qué estamos hablando

En el Reino Unido, Carl Frey y Michael Osborne, académicos de la Oxford Martin School, publicaron en 2013 un informe sobre el riesgo de desempleo tecnológico (2). En Estados Unidos, Erik Brynjolfsson, Andrew McAfee y numerosos expertos y líderes de la industria firmaron la “Carta abierta sobre la economía digital” (3). El Foro Económico Mundial dedicó su más reciente encuentro anual en Davos al tema de la Cuarta Revolución Industrial y publicó un reporte titulado El futuro del empleo (4), y China elaboró su último plan quinquenal de desarrollo con base en el libro La tercera revolución industrial de Jeremy Rifkin (5).

Si en las principales naciones del mundo la discusión sobre cómo adaptarse a la Cuarta Revolución Industrial ha sido puesta en el centro de la mesa, ¿qué estamos esperando para hacerlo nosotros también? Necesitamos a los cuatro actores (el sector público, el sector privado, la academia y la sociedad civil) investigando, debatiendo y proponiendo posibles soluciones.

Esta discusión puede incentivarse creando en los pregrados de Ingeniería Industrial, Administración de Empresas y Economía una cátedra sobre la Cuarta Revolución Industrial. También haciendo que cada gremio de Fenalco y cada sector de la Andi designe una comisión para hacer vigilancia tecnológica y evaluar el impacto de la nueva economía en su industria específica. Asimismo, logrando que cada región productiva y municipio de más de 100.000 habitantes realice ejercicios cuatrienales de prospectiva territorial. Finalmente, organzando un foro anual en el que esa red de think tanks sintetice las lecciones aprendidas y difunda las mejores prácticas.

Toda la comprensión ganada nos debe servir como base para el diseño de unas políticas públicas que nos hagan verdaderamente competitivos a nivel global. Los CONPES de Política Nacional de Desarrollo Productivo y de Innovación, la Estrategia para una Nueva Industrialización de la ANDI, el Programa de Transformación Productiva del MinCIT y la Visión 2032 del Consejo Privado de Competitividad, todos deben ser cuidadosamente revisados y ajustados a la luz de esta nueva información. El futuro no debe sorprendernos.

Recomendación 2: incrementar nuestro capital del conocimiento

La discusión sobre cómo mejorar la educación históricamente ha hecho mucho énfasis sobre la ampliación de la cobertura y el tiempo de escolaridad, pero muy poco énfasis sobre la calidad de la educación en sí. El capital del conocimiento de una nación son las capacidades cognitivas de su población y dependen de cuanto beneficio obtienen los niños por cada año pasado en la escuela. El indicador crítico de desempeño es la puntuación en las pruebas PISA y TIMSS.

En su libro El capital de conocimiento de las naciones: la educación y la economía del crecimiento, los autores Eric Hanushek y Ludger Woessmann presentan la tesis de que prácticamente toda variación en las tasas de desarrollo económico de las naciones puede ser explicada por las diferencias en el capital del conocimiento (6). Así se explica el milagro económico de las naciones del este asiático. Y así también se explica el comportamiento errático de las economías de América Latina.

El cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible, enunciado por las Naciones Unidas, propone que para el año 2030 la totalidad de los niños y niñas tengan “educación secundaria de calidad”. No especifica el término “calidad” a qué se refiere. Hanushek y Woessmann lo equiparan con haber adquirido a los 15 años de edad habilidades básicas universales equivalentes al nivel 1 de las pruebas PISA (420 puntos). Y con base en ello trazan tres escenarios de competitividad entre países.

El primero es llevar únicamente a los estudiantes actualmente inscritos al nivel de habilidades básicas universales. El segundo es alcanzar el 100% de cobertura, pero con el nivel de calidad actual. Y el tercer escenario es lograr los dos anteriores: alcanzar la cobertura completa y llevar a la totalidad de los niños al nivel de habilidades básicas universales. Ceteris paribus, a un país de ingresos medios-altos como Colombia, el primer escenario le reportaría un crecimiento del PIB equivalente al 400%; el segundo, del 200%; y el tercero, superior al 700%.

No debemos llamarnos a engaños. El hecho de que Colombia sea un país de ingresos medios-altos tiene que ver menos con lo increíblemente competitiva que es nuestra economía y más con el simple hecho de que en nuestro suelo hay petróleo. Y eso tarde o temprano va a llegar a su fin. En palabras de la OCDE:

 “El objetivo de las habilidades básicas universales también tiene sentido para los países de altos ingresos, en particular para los países productores de petróleo. Muchos de ellos han tenido éxito en convertir su capital natural en capital físico y consumo hoy en día, pero han fallado en convertir su capital natural en capital humano que pueda generar los resultados económicos y sociales que sustenten su futuro. Así que aquí hay un mensaje importante para los países ricos en recursos naturales: la riqueza que yace escondida en las habilidades sin desarrollar de sus poblaciones es mucho más grande que la que hoy extraen de sus recursos naturales” (7).

Un componente adicional es que en los lugares con las mejores prácticas educativas, como Shanghai (China), Corea del Sur y Singapur, se trabaja sobre la premisa de que todos y cada uno de los niños debe lograrlo. Ninguno es descartado. Y eso implica un sistema que pueda adaptarse a la diversidad. El otro componente es que la labor de los docentes es altamente valorada y generosamente recompensada. 

Recomendación 3: andragogía para adultos que se reinventan

Es crucial que la reforma educativa del MinEducación logre reestructurar la educación primaria y secundaria para desarrollar en los alumnos las competencias que la nueva economía requerirá. Esto es, entender cuáles habilidades serán fácilmente replicadas por los robots y cuáles no, y enfocar nuestro sistema educativo en desarrollar estas últimas.

La pregunta difícil es: ¿qué hacemos con todos los adultos que llevan años o décadas alejados de la academia, y que repentinamente se vean desplazados de sus trabajos por las máquinas? En su discurso sobre el Estado de la Unión 2016, Barack Obama hizo mención a que “los estadounidenses entienden que en algún punto de sus carreras, en esta nueva economía, pueden necesitar readaptarse o reentrenarse” (8). Esta es la principal tarea del SENA para las décadas venideras.

Aquí los tres niveles de pregrado, maestría y doctorado pierden sentido. Se requiere la formación específica en habilidades que faciliten la empleabilidad. Por ejemplo, ante la escasez de programadores para escribir software, muchas empresas ya no están buscando ingenieros de sistemas. Buscan personas de cualquier formación previa que se hayan certificado en el lenguaje de programación que están necesitando. Y dicho proceso puede completarse en cuestión de semanas.

Tal vez la competencia más relevante que los adultos deben desarrollar es la de aprender a aprender. En un momento en el que las mejores universidades del mundo han publicado sus clases de manera gratuita en internet, sólo tres cosas se requieren para adquirir conocimientos avanzados en cualquier campo: 1) un dominio intermedio del idioma inglés; 2) un computador con acceso a internet; y 3) la voluntad de hacerlo. El Estado (y las academias de idiomas) pueden facilitar las dos primeras.

Recomendación 4: apoyar al emprendimiento

Los emprendedores son los exploradores y pioneros de este Nuevo-Nuevo Mundo. Su rol en el desarrollo económico y la creación de nuevos empleos es crucial. Sin embargo, al igual que los exploradores y pioneros que colonizaron América, muchas veces pagan cara su osadía. Nueve de cada diez emprendimientos fallan. El costo financiero del fracaso es desalentador; el costo emocional es brutal.

Es un cliché de la innovación el que “si no estás fallando es porque no estás intentando nada nuevo”. No por eso es menos cierto. Una primera medida para incentivar el emprendimiento es cambiar la cultura del miedo al fracaso, entender que “jugar a lo seguro” y repetir las fórmulas probadas del pasado es sacrificar el futuro. Necesitamos una cultura de la celebración del “buen fracaso”, aquel que sucede en la búsqueda de una mejor manera de hacer las cosas.

Un segundo paso es la educación en emprendimiento. La mayor parte de los errores que llevan las nuevas empresas al fracaso siguen una serie de patrones. Algunos se han vuelto lugares comunes. Es necesario hacer una taxonomía, entenderlos y enseñarles a los emprendedores cómo evitarlos. Igualmente, se deben tener observatorios de vigilancia de modelos de negocio emergentes. Es necesario hacer una taxonomía de ellos, entenderlos y enseñarles a los emprendedores cómo aprovecharlos.

Un tercer paso, directamente atado a la Cuarta Revolución Industrial, es entender que los robots pueden ser aliados de los emprendedores si se utilizan para automatizar labores que, de otra manera, incrementarían el costo de creación del producto mínimo viable. Las máquinas como socios y cofundadores.

Finalmente, es crucial reducir el costo de oportunidad del emprendimiento. Este se define como la segunda mejor cosa que el emprendedor podría estar haciendo con su tiempo/dinero y responde a la fórmula:

Costo de Oportunidad del Emprendimiento = (salario de un trabajador equivalente * (tiempo de desarrollo y fallo del emprendimiento + tiempo de revinculación laboral)) + pérdida de ahorros + endeudamiento

Esta reducción puede lograrse de varias maneras. Una es incrementar el presupuesto de iniciativas como Fondo Emprender; otra es la creación de un “ingreso básico universal para emprendedores”: que cada persona tenga derecho a seis meses de salario por década exclusivamente para idear y lanzar nuevos negocios. Otra es la clasificación del capital semilla como un mecanismo de responsabilidad social empresarial.

Finalmente, se debe concientizar a los gerentes generales y ejecutivos de RRHH sobre los aportes que los emprendedores podrían hacer en sus empresas. Eso reduciría sus tiempos de revinculación post-emprendimiento. Ya la generación Millennial ha desafiado el paradigma de permanencia. La pregunta de “¿cuánto nos vale entrenar a esta persona y que después se vaya?” ignora el hecho de que los emprendedores traen consigo aprendizajes valiosísimos que los mejores programas de entrenamiento difícilmente podrían replicar.

Tal vez la medida más audaz sería la creación de puertas circulares mediante las cuales los emprendedores puedan volverse intra-emprendedores y viceversa. En un mundo que otorga un valor tan alto a la innovación, si un emprendedor llega a una empresa a aportar enfoques novedosos que impacten de manera positiva la triple línea base de resultados, ¿a quién le importa cuánto tiempo se quede?

Recomendación 5: feminismo y tecnología

Las mujeres, si bien cuentan con habilidades innatas de empatía e inteligencia emocional que las máquinas difícilmente podrán replicar, se encuentran sub-representadas en los empleos de alta tecnología que experimentarán un auge durante la Cuarta Revolución Industrial y, por ende, están mal posicionadas para capturar los beneficios de esta nueva economía.

El primer paso es desafiar el “currículo oculto” que menciona la gerente de Aequales, María Adelaida Perdomo: que el adoptar un bajo perfil no es condición necesaria para pertenecer al género femenino y que no existe tal cosa como disciplinas reservadas exclusivamente a los hombres. Es preciso robustecer su autoestima y afirmarles que son perfectamente capaces de tener éxito en cualquier campo que escojan.

Debe incentivarse en ellas desde una edad lo más temprana posible el acercamiento a las disciplinas STEM (Science, Technology, Engineering, Mathematics). Deben crearse campeonatos y olimpiadas de ciencia y tecnología exclusivamente femeninas. La educación científica debería ser un criterio, inclusive, en la decisión de los padres sobre qué tipo de juguetes comprar a sus niñas. La creación de la Red Colombiana de Mujeres Científicas es una noticia oportuna: puede proveernos de unos muy necesitados modelos de rol.

En un terreno más especulativo, la evidencia empírica sugiere una inteligencia lingüística superior en promedio en el género femenino que en el masculino. No sería descabellado pensar que esa mayor inteligencia podría aprovecharse para el aprendizaje de lenguajes de programación, una habilidad altamente valorada y espléndidamente recompensada por la nueva economía.

Cada joven mujer podría ser políglota al momento de su grado de bachiller. Debería ser proficiente en español, para comunicarse con sus conciudadanos; en inglés, para comunicarse con el mundo; y en Python, para comunicarse con las máquinas. Este lenguaje de programación es el más sencillo de aprender por su similaridad al inglés y provee las bases conceptuales y lógicas que permiten el posterior aprendizaje de lenguajes de programación más elaborados.

Debemos trabajar para que en el futuro la pobreza no tenga cara de mujer. Ese es el interés de iniciativas como la de Joanna Prieto con “Geek Girls” en Colombia. También la de “Chicas Poderosas” en América Latina y “Girls Who Code” en los Estados Unidos. Es preciso apoyar y difundirlas.

Recomendación 6: la Economía Naranja

Otro campo en el que difícilmente las máquinas superarán a los seres humanos es el de las disciplinas creativas. En La economía naranja, una oportunidad infinita, Felipe Buitrago e Iván Duque, investigadores del Banco Interamericano de Desarrollo, postulan que, tomadas como sector, la oferta de bienes y servicios creativos inyectaría a la economía global 2,2 billones de dólares anuales, equivalentes al 230% de las exportaciones de petróleo de la OPEP en 2012 (9).

Un caso de éxito es el de Corea del Sur, que desde el cambio de milenio se ha posicionado como exportador de cultura popular. La hallyu, también conocida como “ola coreana”, está compuesta principalmente por cinematografía y series televisivas (el K-drama) y música (el K-pop), las cuales han apalancado su difusión en las redes sociales y Youtube (¿recuerdan el fenómeno Gangnam Style?). Consciente de su potencial como generador de riqueza, el gobierno surcoreano ha apoyado sus industrias culturales mediante subsidios e incentivos al emprendimiento.

El potencial de Colombia en este campo es inmenso. Recientemente se realizó el Primer Foro de la Economía Naranja en el marco de la Feria de Industrias Creativas y Culturales . El gobierno ha dado pasos decisivos para su explotación con la creación de la Cuenta Satélite de Cultura por parte del DANE, la publicación del manual de emprendimiento cultural por parte del MinCultura y la construcción de un marco normativo, del que hace parte la próxima Ley de Economía Naranja. Pero todavía es mucho más lo que puede hacerse. Y se requiere un apoyo presupuestal decisivo para incentivar su desarrollo.

Recomendación 7: compartir la riqueza

En Estados Unidos es usual que a los empleados de las compañías de tecnología se les ofrezca parte de su remuneración en forma de acciones que les dan propiedad sobre la misma compañía y participación en los dividendos de la misma. Esto es una medida inteligente. La gente “se pone la camiseta” mucho más cuando entiende que su bienestar económico está atado al progreso de la empresa.

Una figura similar es la que implementó el brasileño Ricardo Semler en sus empresas y que describe en sus dos excelentes libros (10, 11): la participación de los empleados en las utilidades de la empresa. Es relevante el caso de Ecuador con la ley que exige la distribución del 15% de las utilidades entre los trabajadores.

Esto tal vez es lo más importante de la propuesta de Semler: “tratar a los empleados como si fueran adultos” y “darles poder de decisión sobre sus destinos”. De nada nos sirve tener unos modernos luditas saliendo a protestar y a romper cosas cada vez que surja una tecnología disruptiva. Nos sirven unos trabajadores visionarios que entiendan que la incorporación de nuevas tecnologías para hacer más competitivas globalmente sus industrias está en el mejor de sus intereses.

Más allá del referente obligado de Indupalma, la pregunta que debemos hacernos es: ¿qué tipo de herramientas jurídicas y financieras debemos crear para que los directos perjudicados por la pérdida de empleos sean los mismos beneficiarios de la automatización?

Recomendación 8: poner el dinero en donde mejor se ve

Con apenas 37 puntos de 100 posibles, Colombia se ubicó en el puesto 94 entre 174 países en el último informe de Transparencia Internacional (12) (en América  Latina los referentes son Uruguay y Chile, que obtuvieron 74 y 70 puntos, respectivamente). Complementa esa información el dato de Transparencia por Colombia que establece que las contralorías regionales, las entidades que precisamente deben velar por el buen manejo de los recursos, obtienen un promedio general de 55 puntos sobre 100 (13). ¿Quis custodiet ipsos custodes?

La caída de las rentas petroleras hizo necesaria una reforma tributaria para buscar nuevas fuentes de ingresos para la Nación, pero debe entenderse que tal medida será inefectiva si no se soluciona primero el problema de la corrupción. Si el balde está desfondado, no por echarle agua con una manguera más grande se va a llenar más rápido.

No es momento de eufemismos o subterfugios: el principal problema de Colombia no es la guerrilla, es la corrupción. Tanto la guerrilla como la delincuencia común se nutren de la falta de oportunidades para la población, una consecuencia directa de la malversación de los recursos del Estado. La paz no se construye en La Habana; se edifica en Colombia haciendo inversión social que permita una mayor participación de la población en el sistema productivo y en la distribución de la riqueza. La paz se construye reduciendo el coeficiente de Gini.

La lucha contra la corrupción será inefectiva mientras se centre sólo en castigar al corrupto. El foco debe ser, por encima de todo, la restitución de los recursos a la Nación, utilizando mecanismos como la extinción de dominio del infractor y, de ser necesario, su núcleo familiar, socios comerciales y amigos cercanos, en el territorio colombiano o en cualquier lugar del mundo donde los activos se encuentren.

El Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 requiere recursos del orden de 704 billones de pesos para su ejecución. Un Estado más transparente podría lograr idénticos resultados con menos recursos. Y los ahorros servirían para realizar inversiones que prepararan a Colombia para la Cuarta Revolución Industrial.

Noruega y Alaska son ejemplos exitosos del aprovechamiento de los recursos generados por las industrias extractivas para la constitución de fondos soberanos de inversión. Es la misma decisión que acaba de tomar Arabia Saudita en su Visión 2030: la creación de un gigantesco fondo de inversión para prepararse para un futuro post-petróleo, en este momento, la fuente del 80% de sus ingresos.

¿Qué se necesitaría para crear el Fondo Soberano de Inversión Colombiano? ¿Qué tal si ese dinero se invirtiera en acciones de empresas de tecnologías disruptivas? ¿En fortalecer a Colciencias y al Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación? ¿En nuestros propios emprendedores de base tecnológica?

Recomendación 9: cambiar la manera en que se escriben las leyes

Uber inició operaciones en Colombia en septiembre de 2013. Un año y dos meses después, el 22 de noviembre de 2014, fue declarado ilegal por el Ministerio de Transporte. Un año más tarde, el 23 de noviembre de 2015, el Gobierno anunció el decreto que reglamentaba el servicio de taxis de lujo. Tres meses y medio después, el 14 de marzo de 2016, los taxistas sorprendieron al país con unos desmanes rayanos en lo criminal. A hoy, mayo de 2016, y a casi tres años de la llegada del modelo de negocios al país, aún no se vislumbra una solución satisfactoria. En palabras de Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial:

“Los sistemas actuales de elaboración de políticas y de toma de decisiones evolucionaron paralelamente a la Segunda Revolución Industrial, cuando  los tomadores de decisiones tenían el tiempo para estudiar un tema específico y desarrollar la respuesta necesaria o el marco regulatorio apropiado. Todo el proceso estaba diseñado para ser lineal y mecanicista, siguiendo un estricto planteamiento descendente. Pero un abordaje semejante ya no es viable. Dada la rápida velocidad de cambio y los amplios impactos de la Cuarta Revolución Industrial, los legisladores y los reguladores están siendo desafiados en un nivel inédito y, en su mayor parte, están demostrando ser incapaces de hacerle frente.

¿Cómo, entonces, pueden preservar el interés de los consumidores y de todos los  públicos mientras, al mismo, tiempo apoyan la innovación y el desarrollo tecnológico? Adoptando una gobernancia “ágil”, al igual que el sector privado ha adoptado de manera creciente respuestas ágiles al desarrollo de software y a las operaciones de negocios en general. Esto significa que los reguladores deben constantemente adaptarse a un entorno nuevo y rápidamente cambiante, reinventándose a sí mismos para entender verdaderamente qué es aquello que están regulando. Para hacerlo, los gobiernos y las agencias reguladoras deberán colaborar estrechamente con los negocios y la sociedad civil” (14).

Recomendación final: se requiere un cambio fundamental en la naturaleza misma del liderazgo

Dicen los defensores del ingreso básico universal que una medida semejante liberaría el potencial creativo de cada individuo y llevaría a la humanidad a la utopía: una época dorada de desarrollo y bienestar. Y es cierto que muchas personas tienen talentos ocultos que no han desarrollado por el imperativo de producir su sustento. La escasez de dinero suele tener un efecto supresor sobre la materialización del talento.

Ahora bien, lo contrario es también posible y hasta más probable. “El logro es un límite”, dijo Aristóteles. En un mundo donde el hedonismo es el valor primordial y todo el mundo en Facebook simula estarse dando la gran vida, ¿por qué habría de trabajar alguien que perciba el ingreso básico universal? Esta sería la distopía: un mundo de NINIs, personas que ni estudian ni trabajan (en inglés: NEETs, not in employment, education or training), no por fuerza mayor sino por decisión propia y deliberada.

“Éxito es igual a la acumulación de dinero”, es el gran falso positivo de nuestros tiempos. Nadie que esté en sus cabales diría que los políticos corruptos, los empresarios inmorales o los narcotraficantes son personas exitosas, y, sin embargo, tienen dinero por montones. El espíritu de los tiempos pareciera enseñar que el dinero es un fin en sí mismo y que su acumulación todo lo legitima. Ojalá algún día entendamos que es tan solo un medio para alcanzar un fin. Y que ese fin no es otro que la realización plena del potencial humano.

Uno de los conceptos centrales de la economía es la escasez. Y eso es coherente con una visión del mundo masculina y depredadora; un juego de suma cero donde “para que yo pueda ganar, alguien tiene que perder”. Sin embargo, en un mundo que derive el 100% de su energía de fuentes renovables, que implemente procesos circulares de producción y donde la mayor parte del trabajo sea realizado por robots, pronto habrá mucho de todo; pronto habrá de todo y en abundancia para todos. Esta es la promesa de la sociedad del costo marginal cero postulada por Jeremy Rifkin. Y es más coherente con una visión del mundo femenina y colaborativa; un juego de suma positiva donde “si gano yo y ganas tú, entonces ganamos todos”.

De ahí que lo más disruptivo que pueda hacer cualquier país para adaptarse a la Cuarta Revolución Industrial es fomentar el desarrollo de la empatía, una habilidad típicamente humana, en todos sus alumnos de educación primaria y secundaria. Y construir sobre ella un estudio serio de la ética en todas las carreras técnicas, tecnológicas o profesionales y en todos los posgrados. Y utilizar ambas cosas para reformar la democracia y velar por el surgimiento de mejores líderes tanto en el sector público como en el privado.

La construcción de un mundo más justo pasa necesariamente por la de un mundo más femenino. Colombia, es hora de cambiar la malicia indígena por la visión de un futuro de prosperidad compartida para todos. Solo de esa manera lograremos asegurar un reparto equitativo de los frutos de la nueva economía.

BIBLIOGRAFÍA

(1)  Departamento de Comunicación de la Oficina del Informe sobre el Desarrollo Humano. ¿Qué es el desarrollo humano? [Internet] Nueva York: Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas; 2015. Disponible en: http://hdr.undp.org/es/content/%C2%BFqu%C3%A9-es-el-desarrollo-humano

(2)  Frey, CB., Osborne, MA. The Future of Employment: how susceptible are jobs to computerisation? [Internet] Oxford: Oxford Martin School; 2013. Disponible en: http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

(3)  Brynjolfsson, E. McAfee, A. Jurvetson S., O’Reilly, T. Manyika, J. Tyson, L. Haas [et al.] Open letter on the Digital Economy. [Internet] 2015. Disponible en: http://openletteronthedigitaleconomy.org

(4)  World Economic Forum. The Future of Jobs. Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution. [Internet] Ginebra: WEF; 2016. Disponible en: https://www.weforum.org/reports/the-future-of-jobs

(5)  Gardels, N. China’s New Five-Year Plan Embraces the Third Industrial Revolution. [Internet] Nueva York: The World Post; 2015. Disponible en: http://www.huffingtonpost.com/nathan-gardels/china-third-industrial-revolution_b_8478954.html

(6)  Hanushek, E. The knowledge capital imperative. [Internet] Washington: The World Bank; 2016. Disponible en:http://blogs.worldbank.org/education/knowledge-capital-imperative

(7)  Organisation for Economic Co-operation and Development. Universal Basic Skills What Countries Stand to Gain. [Internet] Paris: OECD; 2015. Disponible en: http://www.oecd.org/edu/universal-basic-skills-9789264234833-en.htm

(8)  Office of the Press Secretary. Remarks of President Barack Obama – State of the Union Address As Delivered. [Internet] Washington: The White House; 2016. Disponible en: https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/01/12/remarks-president-barack-obama-%E2%80%93-prepared-delivery-state-union-address

(9)  Buitrago, P.F., Duque, I. La Economía Naranja: Una oportunidad infinita. [Internet] Nueva York: Banco Interamericano de Desarrollo; 2013. Disponible en: https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/3659/La%20economia%20naranja%3a%20Una%20oportunidad%20infinita.pdf?sequence=4

(10)  Semler, R. Maverick. Nueva York: Warner Books; 1993.

(11)  Semler, R. The Seven-Day Weekend. Nueva York: Penguin Books; 2003.

(12)  Transparency International. Corruption Perception Index 2014. [Internet] Berlín: Transparency International; 2014. Disponible en: https://www.transparency.org/cpi2014/results

(13)  Transparencia por Colombia. Índice de Transparencia de las Entidades Públicas. Resultados 2013-2014. [Internet] Bogotá: Transparencia por Colombia; 2015. Disponible en: http://indicedetransparencia.org.co/

(14)  Schwab, K. The Fourth Industrial Revolution: what it means, how to respond. [Internet] Ginebra: World Economic Forum; 2016. Disponible en: https://www.weforum.org/agenda/2016/01/the-fourth-industrial-revolution-what-it-means-and-how-to-respond

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