Revista XXVIII No. 1 de 2021

La necesidad de una nueva política de incentivos a la investigación

La necesidad de una nueva política de incentivos a la investigación

Por: Luis Antonio Orozco PhD

Profesor titular de la Facultad de Administración de Empresas – Universidad Externado de Colombia, investigador senior del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación y miembro fundador de la Red de Gobernanza y Gestión de la Ciencia, Tecnología e Innovación – Red GCTI

 

“Si Bacon, como Canciller de Inglaterra fue condenado en 1621 por concusión, por culpable complacencia para con el soberano, ¿cuántos y cuántos ministros en la actualidad no deberían sufrir idéntica pena y con mayor justicia, por cuanto teóricamente la moral ha pasado por incesantes y sucesivos perfeccionamientos, al mismo tiempo que las revoluciones políticas alteraban los fundamentos orgánicos de los Estados, dando la preeminencia a la soberanía popular?”  

(Bastos, 1891, p. 11) 

 

Alberto Ospina

José Luis Villaveces y Clemente Forero

Margarita Garrido

En el Renacimiento el conocimiento científico era producido por personas que buscaban con su trabajo responder interrogantes sobre el orden de la naturaleza, sobre los secretos que un Dios estaría dispuesto a revelar como recompensa a un trabajo intelectual, y sobre la posibilidad de hacer cosas, de resolver problemas, que antes de una investigación metódica y sistemática no eran posibles. El mismo Francis Bacon proclamó abiertamente que conocer los fenómenos naturales y tener una visión científica del universo, no tiene otro fin que “el desenvolvimiento de la humanidad, el aumento de su bienestar por la multiplicación de las utilidades y de las facilidades, por el perfeccionamiento del gobierno del mundo” (Basto, 1981, p. 19). Rene Descartes fue más allá en su Discurso del Método y el proceso de duda sistemática. “La moral es para Descartes justamente la ciencia que presupone todas las demás, el conocimiento en el que culmina el sistema entero del saber” (Rodríguez, 1983, p. 20).

Sin necesidad de una política, los científicos buscaban las respuestas a los por qué, encontrando explicaciones que eran evaluadas y aceptadas por una comunidad de pares, que decidía colegiadamente lo que merecía ser publicado y recibir por ende el nombre de ciencia. La validación del conocimiento se realizaba en academias de ciencias, donde se hacían reuniones para evaluar los experimentos y aprobar la autoría del nuevo conocimiento. Una de las más emblemáticas es la Royal Society, que se institucionaliza cuando Carlos II da la cédula real y su cetro a Robert Boyle – padre de la química moderna y famoso por una ley de gases que lleva su nombre – junto a una cuarentena de científicos, para promover la investigación, que a la postre haría grande a Inglaterra. Podría imaginar una escena en la que Carlos II le pregunta a Boyle, “no entiendo las matemáticas, pero ¿con su ley de gases se pueden hacer mejores cañones?”

La motivación del científico estaba en esa sensación interior de goce extremo del alma por descubrir algo. Como dijo Descartes (1983/1637, p. 67) refiriéndose al uso de su método “la satisfacción que con ello recibía llenaba de tal manera mi espíritu, que nada de lo demás me afectaba”. Para el científico, la recompensa del reconocimiento, en el aprecio y la aceptación, en la estima social en la autorrealización intelectual eran la base que movía su esfuerzo. Las ganancias monetarias llegaban por añadidura. La celebridad era la mayor recompensa de un científico, y ésta dependía de sus aportes, descubrimientos e invenciones, no de la cantidad y variedad de sus publicaciones. El reconocimiento no solo está en la citación de sus trabajos, sino en el otorgamiento de premios -entre ellos el Nobel- y posiciones destacadas en escalafones universitarios, comités editoriales, academias de ciencias, organizaciones científicas y agencias del Estado. Este reconocimiento público, socialmente aprobado, garantiza, como describe Merton (1968) en el Efecto Mateo en Ciencia, el acceso justificado a recursos y la capacidad, como indica Bourdieu (1976), de competir legítimamente por promover sus programas de investigación. Como dijo el sabio Bertrand Russell, “los hombres de ciencia adquieren consciencia de su responsabilidad para con la sociedad, ilustradas por sus enseñanzas, y sienten el deber de participar en los asuntos públicos más de lo que hasta ahora han hecho” (Russell, 1983/1931, p. 187-188).

Luego de la Segunda Guerra Mundial emergen agencias encargadas de hacer política pública en materia de ciencia, orientando la inversión de recursos para la investigación y brindando nuevas instancias de reconocimiento a quienes generan contribuciones al avance de la ciencia. En Colombia Carlos Lleras Restrepo, con el Capitán Alberto Ospina dan origen en 1968 al Fondo Colombiano de Investigaciones Científicas y Proyectos Especiales "Francisco José de Caldas" que tuvo una larga y rica historia bajo el nombre de Colciencias, donde prestigiosos académicos, hombres y mujeres de ciencia como Clemente Forero Pineda y José Luis Villaveces Cardoso a inicios de la década de 1990, o Margarita Garrido en el 2000, la hicieron un baluarte para el desarrollo del país. Luego, Colciencias entró en un proceso de gobernabilidad debilitada y pérdida de legitimidad (Salazar y Fog, 2013) donde basta indicar que entre 2010 y 2019 tuvo nueve directores y carencia de verdaderas políticas de largo plazo. Con la ley 1591 de 2019 -que fue declarada inexequible por la Corte Constitucional-, pasó a tener el nombre de Ministerio -a costo cero como dice Moisés Wasserman1- y una caída en picada. Su primera ministra, la doctora Mabel Torres, abiertamente declaró sus comportamientos fuera de los estándares y normas constitutivas de la institucionalidad científica, indicando que suministraba brebajes para el cáncer, sin los protocolos médicos ni el rigor que tiene el proceso de publicación científica de medicamentos.

Todo esto se da en el marco de una política que mercantiliza la ciencia a través de puntos que otorga un modelo de medición, donde ya no se investiga por el conocimiento, sino por las rentas asociadas a los indicadores, que son inflados a como dé lugar, sin recato ni consideración ética. Lo que importa es salir bien en las mediciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, manipulando no solo el CvLAC y las demás aplicaciones de la entidad (Orozco, Ruiz, Bonilla y Chavarro, 2013), sino incurriendo en las prácticas más lesivas para la institucionalidad de la ciencia que contradice la contribución intelectual original con el plagio y la pseudociencia basada en conocimientos no evaluados con rigor. Salir bien en las mediciones de Minciencias es clave no solo para los investigadores y administradores universitarios que, como Tito Crissien, buscan salir en la categoría senior para dar una imagen de probidad científica avalada. También es importante para las universidades, ya que presentar grupos A1 con investigadores senior es necesario para las acreditaciones y para participar en las convocatorias de la entidad y obtener recursos para la investigación.

El sistema de medición de MinCiencias es solo una parte del problema. Existen dos asuntos que son perentorios tratar para pensar una nueva política de incentivos a la investigación. Primero es el sistema de compensación en las universidades que asigna dinero a cambio de producción. El segundo es la proliferación de editoriales y revistas denominadas depredadoras. En las universidades privadas aparecen mafias de la publicación, como el denominado ‘mini cartel del plagio’ de la Universidad de la Costa, denunciado por El Espectador2 y se suelen crear nóminas paralelas con investigadores especialmente en el exterior con acceso y facilidades para publicar en revistas internacionales, con el fin de obtener las recompensas de hasta 30 millones que se ofrecen por publicaciones en revistas de alto rango -las Q1-. En el caso de las universidades públicas el incremento salarial que establece el decreto 1279 de 2002 ha incidido en parte a que ahora la Fiscalía General de la Nación tenga que abrir procesos para investigar posibles peculados y conciertos para delinquir por carteles que se forman para subir los puntos salariales aprovechando en particular el fenómeno de las revistas y editoriales depredadoras. Y acá se conjuga el segundo problema. Las revistas depredadoras, difíciles de detectar, son fraudulentas, ofrecen publicar en menos de un mes (incluso menos de dos días) y no cumplen con los parámetros de rigurosidad en la evaluación de pares ni tienen comités editoriales con personas de probada reputación en el campo científico. Estas revistas publican textos sin revisión, lo importante es pagar el article processing charge (APC). Como prueba tipo Sokal, aparece un artículo en el American Journal of Biomedical Science & Research afirmando que el COVID-19 lo esparció el Pokémon Zubat (en una ciudad inexistente) apoyado en referencias que denuncian la publicación depredadora -como las de Jeffrey Beall- y otras inventadas que incluyen autores como Batman y títulos como “A phylogeny and evolutionary history of the Pokémon” en el Annals of Improbable Research (Shelomi, 2020). Estos medios cobran tarifas de supuestos gastos editoriales que oscilan entre 3 y 6 millones de pesos según el profesor Gabriel Vélez de la Universidad de Antioquia, quien también estima que Colombia ha pagado más de 10 millones de dólares por nuestra producción internacional de acceso abierto en el último decenio. El punto salarial hoy es de $14.938 y se otorga completo por publicaciones con hasta tres coautores. Una camorra de tres personas que publican 40 documentos al año, como pasó en la Universidad Francisco de Paula Santander, obtienen cada uno 15 puntos, o sea, $8.962.800 entendiendo que los cargos que cobran las predadoras, unos 24 millones de pesos, como advierte el profesor Fredy Dubeibe de la Universidad de los Llanos, los asume la universidad. Como indica La República3, un profesor de la Universidad Nacional de Colombia con sus publicaciones puede tener un salario base de 30 millones mensuales. Frente a esto, y sin mencionar el tema de la producción de libros que merece un análisis aparte, MinCiencias con su modelo de medición y falta de política cree falsamente que puede controlar la depredación con puntuar las publicaciones en sistemas de indexación como Scopus o Web of Science, pero sabemos que muchas revistas y editoriales que se pueden catalogar como depredadoras se encuentran en estas bases de datos (Kratochvíl et al, 2020; Macháček y Srholec, 2021; Oviedo-García, 2021).

Es urgente repensar la política de incentivos a la investigación, pero el cambio solo será posible cuando entidades como Minciencias sean lideradas por académicos y científicos que sean dignos representantes de la moral y los más altos estándares de los principios fundamentales de la ética. Ya era un irrespeto el nombramiento de Ana María Aljure, quien no acredita experiencia en el campo de la ciencia, como viceministra de Talento y Apropiación Social del Conocimiento en Minciencias. Ahora, con la posesión del rector de la Universidad de la Costa, Tito Crissien como Ministro de Ciencia, el Gobierno de Iván Duque le da la estocada final a la trágica historia de Minciencias, a la comunidad científica, pero sobre todo, al fundamento ético de la institucionalidad de la ciencia, que premia a quienes aportan su esfuerzo original por avanzar el conocimiento y no a quienes acuden a cualquier estratagema para asegurarse una posición en el Estado y sacar rentas de la pseudociencia.

Necesitamos repensar las políticas de producción científica y avanzar hacia métricas responsables de la investigación como ha insistido María Alejandra Tejada de la Pontificia Universidad Javeriana, participando en movimientos como la Declaration on Research Assessment (DORA), Committee on Publication Ethics (COPE), International Network of Research Management Societies (INORMS); Foro Latinoamericano sobre Evaluación Científica (FOLEC de CLACSO) y la Iniciativa de Métricas Responsables de Colombia que lidera ASCUN, el OCyT y Consorcia. Para ello aportamos desde la Red GCTI dos tomos sobre la gobernanza y la política en ciencia, tecnología e innovación para la sostenibilidad y la inclusión social (Orozco et al, 2022; Ordoñez-Matamoros et al, 2022) y esperamos mantener una voz permanente a través de la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia con el liderazgo de su directora María Piedad Villaveces.

El empresario criminal sabe dónde está el vacío en la ley para salir ileso (Orozco et al., 2018). En Colombia no hay una legislación expedita y clara para sancionar el plagio y pese a las pruebas, prima la presunción de inocencia como principio constitucional. En esto debemos trabajar. Entre tanto debemos estar atentos con los entes de control para que el ministro, con el cetro presidencial y la carta real, no haga una piñata de contratación estatal en el Ministerio, incluyendo el fondo de regalías, ya que sabe que las interventorías de los contratos de ciencia y tecnología los lleva a cabo Minciencias. Entonces cuando las entidades que representa legalmente Crissien como la Universidad de la Costa, Eduprofe y Fisitory obtengan contratos para hacerle armas al soberano ¿las vigilará el mismo dueño?

Termino recordando como el método de la ciencia moderna aparece con Galileo en su obra El Ensayador, producto de la forma como demostró la originalidad de su trabajo frente al plagio que realizara Simón Mario Guntzehusano quien “osó enorgullecerse con fatigas ajenas, y no se avergonzó de presentarse como autor de las cosas por mi descubiertas (…) Pero dado que la verdad raramente se deja subyugar por la mentira, he aquí que él mismo con su obra, por su inadvertencia y poca inteligencia, me da lugar para poder con pruebas irrefutables (demostrar que) esta doctrina suya está llena de errores, los cuales muestran y testifican abiertamente su fraude” (Galilei, 1984/1623, p. 31-32).

 

 

1 https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/moises-wasserman/columna-de-moises-wasserman-sobre-el-ministerio-de-ciencia-596832

2 https://www.elespectador.com/educacion/los-coautores-del-mini-cartel-del-plagio-article/

3 https://www.larepublica.co/alta-gerencia/asi-es-el-salario-de-los-profesores-en-las-mejores-universidades-del-pais-2780195

 

Referencias

Basto, T (1891/1984) Bacon y el Novun Organum. Prólogo. Francis Bacon. Novum Organum. Aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre. Ediciones Orbis. Barcelona.

Bourdieu, P. (1976). Le champ scientifique. Actes de la recherche en sciences sociales, 2(2), 88-104.

Descartes, R. (1983). El discurso del método. Reglas para la dirección de la mente. Ediciones Orbis. Barcelona.

Galilei, G. (1984/1623). El Ensayador. Sarpe. Barcelona.

Kratochvíl, J., Plch, L., Sebera, M., & Koriťáková, E. (2020). Evaluation of untrustworthy journals: Transition from formal criteria to a complex view. Learned Publishing, 33(3), 308-322.

Macháček, V., & Srholec, M. (2021). Predatory publishing in Scopus: evidence on cross-country differences. Scientometrics, 126(3), 1897-1921.

Merton, R. K. (1968). The Matthew effect in science: The reward and communication systems of science are considered. Science, 159(3810), 56-63.

Ordónez-Matamoros, G., Orozco, L.A., Sierra Gonzalez, J.H., Bortagaray, I., Garcia-Estevez, J. (Eds.) (2022). Policy and Governance of Science, Technology, and Innovation Social Inclusion and Sustainable Development in Latin América. Palgrave Studies in Democracy, Innovation, and Entrepreneurship for Growth. Palgrave Macmillan.

Orozco, LA; Beltrán, C; Vargas, C; García, LF y Ruiz, M. (2018). El fraude en Interbolsa y Fondo Premium en el caso Fabricato. En: Henao, JC y Ruiz-López, CE. (Eds). Corrupción en Colombia. Tomo 3. Corrupción privada. Colección así habla el Externado. Universidad Externado de Colombia. Bogotá.

Orozco, LA; Ruiz, CF; Bonilla, R y Chavarro, DA (2013). Los grupos de investigación en Colombia. Sus prácticas, su reconocimiento y su legitimidad. In: Salazar, M and Fog, L (Eds). Colciencias cuarenta años: entre la legitimidad, la normatividad y la práctica. Bogotá: Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología - OCyT.

Orozco, L.A., Ordónez-Matamoros, G., Sierra Gonzalez, J.H., Garcia-Estevez, J., Bortagaray, I. (Eds.) (2022). Science, Technology, and Higher Education Governance Approaches on Social Inclusion and Sustainability in Latin America. Palgrave Studies in Democracy, Innovation, and Entrepreneurship for Growth. Palgrave Macmillan.

Oviedo-García, MA (2021) Journal citation reports and the definition of a predatory journal: The case of the Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI) Research Evaluation (rvab020)

Rodríguez, A (1983). Prólogo. Descartes El discurso del método. Reglas para la dirección de la mente. Ediciones Orbis. Barcelona.

Russell, B. (1983). La perspectiva científica. Sarpe., Madrid.

Salazar, M y Fog, L (2013). Colciencias hoy. La gobernabilidad debilitada y la pérdida de legitimidad. In: Salazar, M and Fog, L (Eds). Colciencias cuarenta años: entre la legitimidad, la normatividad y la práctica. Bogotá: Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología - OCyT.

Shelomi, M. (2020). Opinion: Using Pokémon to Detect Scientific Misinformation. The Scientist Magazine.

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