Revista XXVI No. 1 de 2019

Andrés Villaveces - Despidiendo a José Luis Villaveces

Andrés Villaveces - Despidiendo a José Luis Villaveces

Andrés Villaveces - Despidiendo a José Luis Villaveces

Versión editada de texto leido 18 enero 2019

 

 

1. Goethe - Estructura y libertad

En estos días recientes, los últimos de la vida de José Luis Villaveces, por alguna razón misteriosa el poeta alemán Goethe ha aparecido y reaparecido por todas partes en el camino.

Ambos Goethe y Villaveces llegaron al final de sus vidas con una consciencia del mundo: Sólo la ley nos puede dar la libertad o Und das Gesetz nur kann uns Freiheit geben. En realidad la palabra “Gesetz” se traduce como algo más que simple ley. La raíz es la misma de Satz / teorema. A mí me gusta traducir la frase más bien así: Sólo la estructura nos puede dar la libertad. Esa conexión profunda entre estructura y libertad - estructura de la materia en química o estructura más general en matemática captura en gran medida el proyecto de vida de José Luis Villaveces en química, pero también el de muchos de nosotros en matemáticas, en física.  Ambos llegaron casi hasta sus últimos minutos con un toque de ironía, con una visión clara de lo que estaban viviendo al morir

2. Caminatas

Durante décadas José Luis Villaveces fue un gran caminante; algo que en los últimos años pudimos perder de vista por su limitación física. Pero es claro que él seguía de alguna manera caminando en su mente, en su espíritu, incluso recientemente. Y probablemente de alguna manera ahora decidió continuar su vía y estará recorriendo caminos que ni imaginamos nosotros en nuestras limitadas vidas.

Sus descripciones de ciudades en cartas (Nueva York en 1977, Buenos Aires cuando fue a visitar a los químicos teóricos de esa ciudad, Viena en los años 90) siempre eran descripciones de larguísimas caminatas—en 1977 todo Broadway camino a su doctorado, en el 81 con mi hermana María Piedad los Alpes de Haute Nendaz, en historias (casi míticas ya) caminó por la selva de Mocoa a Puerto Asís como miembro del programa Cátedra Colombia de la Universidad Nacional en los años 60. Es acaso poco conocido el episodio en que caminando cerca a Guaté que siendo estudiante con un grupo de la Universidad Nacional la policía los confundió (por sus barbas y sus pelos largos) con un “grupo sub-versivo” y afortunadamente una llamada a su padre los salvó de algo más grave.

Era un caminante del conocimiento también. Fue en alguna calle de Belalcázar, que recuerdo haberle preguntado por primera vez: “¿Papá, por qué estudiaste química?” Su respuesta fue algo como “pues quería saber de qué está hecho el mundo, qué somos, de qué estamos hechos”. Creo que guiado por esa pregunta él hizo su tránsito, su caminar continuo, su seguir adelante, de la Química a la Fisicoquímica a la Química Teórica y a la Química Matemática. Posteriormente, como extensión de ese mismo camino, su camino lo condujo a la Construcción de un Sistema de Ciencia para nuestro país.

3. Irreverencia y empatía

Tal vez algunos aquí recordamos su irreverencia empática ante ciertos temas. No cabían las frases de cajón - si uno decía una frase muy irreflexiva sabía que podía exponerse a alguna ironía de parte de Chubi, a alguna pregunta que mostrara que de pronto uno no había pensado del todo la frase. . . En eso podía, sabía, ser implacable. Uno después aprendía que ahí residía una larguísima tradición académica y filosófica—la ironía—pero también aprendía, dolorosamente, que muchos profesores son desafortunadamente demasiado reverentes, demasiado seguidores de alguna tradición. Casi hasta el final, sabía mirar las cosas de manera sorprendente y fresca y novedosa. Que las frases de los políticos o de los folletos de propaganda nunca tienen muchas posibilidades de sobrevivir a sus análisis o a su mirada irónica.

Ahí hay un sello que es difícil imitar, pues es absolutamente personal esa mirada. Pero tal vez lo más impresionante es que al lado de la mirada irreverente o sencillamente cuestionadora estaba una actitud brutalmente empática y abrazadora. Tan abrazadora que incluía gente muy variada y muy distinta (científicos, filósofos, historiadores, politólogos) bajo su égida. No es tan común que alguien sea mencionado o recordado con cariño por químicos, matemáticos, físicos  pero también historiadores, administradores, ingenieros y abogados. Esa amplitud era absolutamente ejemplar, y no correspondía a ningún tipo de desdoblamiento de su personalidad sino que todo hacía parte de un continuum natural y orgánico. Quiero recordar también ese aspecto hoy.

4. La vida es sueño

Cierro este escrito con unas notas de mi colega y amigo Rafael Isaacs:

"La presencia tan importante de José Luis en sus vidas

se convierte en ausencia que será motivadora en el camino que nos queda,

ahora somos sueño de él,

porque tal vez somos el sueño de nuestros antepasados..."

¡Ojalá sigamos siendo el sueño de José Luis Villaveces!

 

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